espiritualidad

Nuestros maestros: “Enrique y Teresa”

           El espíritu que hace posible nuestra existencia como Movimiento hunde sus raíces en la experiencia de Enrique de Ossó y Teresa de Jesús, nuestros maestros. De Él y de Ella aprendemos un modo teresiano de ser y de estar en el mundo y en la Iglesia, de leer el Evangelio, de relacionarnos personalmente con Jesús y con las personas, de mirar la realidad y de responder a sus grandes desafíos.

La persona: 

           Entendemos a la persona como un todo, abierta y en dinamismo, que vive en proceso de integración y que va construyendo su identidad en la historia. Su ser más profundo es amor. Está dotada de poder creativo, y se realiza en la relación consigo misma, con los demás, con Dios, con la realidad y con la naturaleza. Habitada por Dios, de gran dignidad y hermosura, no está hueca por dentro. Estamos capacitados/as para relacionarnos con Dios, que nos descubre la verdad de quiénes somos, nos adentra progresivamente en el propio conocimiento y nos va revelando quién es Él. Por la relación con Él nos vamos haciendo de su condición. Sabernos amados/as gratuitamente por Él nos lleva a vivir en constante acción de gracias. Amándolo lo vamos descubriendo y nos descubrimos en Él. Por ser imagen de la Trinidad, estamos invitados/as a vivir el amor y la comunión con los demás y con la creación.

Jesús:

           Enrique de Ossó nos invita a vivir un proceso de identificación con Jesús hasta llegar a pensar, sentir, amar y actuar como Él. Jesús es el Hijo amado y enviado por Dios, que, por la Encarnación, se hizo uno de tantos (Cfr. Fil 2, 6 – 11), asumiendo lo pequeño y dejando que sus entrañas se conmovieran ante el sufrimiento. Nos revela el rostro materno-paterno de un Dios apasionado por la humanidad; un Dios que nos habita y está presente en lo cotidiano y en todas las cosas.

           La misión de Jesús es el proyecto de salvación de una humanidad reconciliada entre sí, con la naturaleza y con Dios por el amor, en la que cada persona es respetada en su dignidad. El Reinado de Dios y las Bienaventuranzas son el camino que propone para quienes lo siguen. Su opción por los crucificados de la historia lo llevó a la cruz y a la muerte pero Dios lo resucitó, para darnos la vida verdadera. Muerto y resucitado, asume nuestra condición y la transforma. Es el Señor de la vida y de la historia. Su presencia entre nosotros nos llena de paz y alegría.

Iglesia:

           Creemos en una Iglesia, misterio de comunión y participación. Formamos esta Iglesia como comunidad de bautizados/as. Pertenecemos a ella por decisión personal, lo cual nos hace responsables del don recibido en Jesús, a quien vamos conociendo, amando y celebrando, y queremos que sea conocido y amado por las personas de todas las culturas. Compartimos la Palabra, nos alimentamos de los sacramentos y nos vamos transformando con Jesús en la Eucaristía.

María:

           María, mujer creyente, presencia viva en la comunidad eclesial, oyente de la Palabra y comprometida con la historia, es para nosotros/ as, madre, amiga y compañera de camino. Con ella nos sentimos discípulos/ as, aprendemos a vivir abiertos al Espíritu, y proclamamos la misericordia del Dios que camina con su pueblo.

Relaciones:

           Nos sentimos llamados/as a vivir relaciones de amor y de reciprocidad hasta alcanzar la comunión con todo lo creado y con Dios. Creemos que nos vamos construyendo en el encuentro, que se convierte en ámbito de crecimiento y nos permite conocernos en nuestra verdad más profunda, desarrollar lo mejor de nosotros mismos y capacitarnos para participar como sujetos activos en la historia.

           Nuestras comunidades son espacio privilegiado para la relación. En comunidad nos vamos haciendo discípulos/as de Cristo, en constante proceso de conversión y reconciliación. Nos encontramos para orar, compartir, celebrar y vivir la el compromiso apostólico. Reconocemos que formamos parte de la humanidad. Fortalecer lo que nos une a otros grupos y comunidades, que buscan hacer presente el Reino de Jesús y su modo de vivir entre nosotros, es la mejor forma de enriquecernos y de ofrecer, con y junto a ellos, un modo alternativo para la Iglesia y para el mundo. Nos abrimos también al diálogo ecuménico e interreligioso, y a la colaboración con otros grupos que trabajan por la paz, la justicia, los derechos humanos, el cuidado del medio ambiente, la defensa de la vida…

Oración:

           Jesús nos llama al trato de amistad. Nos enseña a orar como Él, a contemplar, discernir, cuidar, recrear la vida que brota en cada realidad, y a encontrar a Dios en ella. Encontramos en el trato de amistad con Él una fuente de relación que nos humaniza, transforma y compromete con la realidad. Por la relación vital con Jesús toda nuestra vida se va integrando, porque cada experiencia humana puede convertirse en lugar de encuentro y vivirse con un nuevo sentido. Al descubrirnos habitados/as y acogidos/as por un Dios que nos ama, se nos va revelando nuestra misión y vamos unificando nuestra vida. Valoramos la Oración personal como “la práctica más esencial del Movimiento” y nos comprometemos a vivirla cotidianamente. “El cuarto de Hora de Oración es de todas las devociones la más sencilla, la más eficaz, la más fundamental, la más necesaria… (E. de O. Vol. 1, p. 219, 240). La lectura orante de la Palabra nos alimenta, interpela y confronta. Es para nosotros/as medio privilegiado para ahondar en el conocimiento de Jesús y para contemplar la realidad desde sus criterios. Teresa de Jesús y Enrique de Ossó son para nosotros/as testigos y maestros en el trato de amistad con Jesús.